Estima't gaudint d'unes verdures emocionants

"Cody asomó por la puerta en ese momento. Con el pelo rubio suelto y actitud retraída, era una chica tímida como la que había sido yo. Para adaptarme a su recato natural y a su diligencia, había intentado durante años no ser parcial con ella comparándola con su hermano, más arrogante. Aunque no era un prodigio al piano, tenía una sensibilidad precoz que bien sería decisiva para su futuro, bien la condenaría de por vida como un blanco fácil. Ése fue uno de esos momentos en los que se distinguió, pues sus instintos no le fallaban. Cody sólo necesitó un instante para evaluar la situación, tras lo cual se acercó a mi hermano gritando: «¡Hola, tío Edison!» y lo abrazó sin reservas.
Edison también la estrechó con fuerza. Me pregunté cuántas veces, en los últimos tiempos, alguien lo había abrazado de esa manera... Con alegría, con cariño, sin pizca de desagrado. Deseé haberlo abrazado así yo también. 
Bueno, ¿qué estamos cocinando? preguntó Edison, revoloteando junto a la cocina. 
Ratatouille y gambas con polenta dijo Fletcher. 
Me temo que las gambas son congeladas, del supermercado dije. Esto es el Medio Oeste, tierra sin salida al mar, y a Fletcher la única proteína animal que se le ocurre comer es la de marisco. 
No pasa nada, huele de maravilla. 
Edison cogió un bote enorme de cacahuetes y pidió una cerveza. Le serví una lager y, angustiada, lo seguí hacia la mesa. Fletcher había hecho el juego de comedor, y todas las sillas tenían unos brazos delicadamente curvos... entre los que mi hermano no iba a caber. 
Estoy segura de que debes de estar molido después del viaje dije, antes de darle tiempo a sentarse, pero es posible que en estas sillas no te sientas... cómodo.
Hice un inventario a toda prisa: en la sala teníamos las rígidas creaciones de Fletcher para personas de tamaño normal, pero en el dormitorio quedaba un sillón algo destartalado de la época en que vivía sola; me negaba a separarme de ese sillón, feo pero maravilloso para acurrucarse en él y leer. Las confabulaciones de mi marido roble, cedro, fresno eran más sensuales para la vista que para el culo. 
Decidí hacer de tripas corazón. Fletcher apagó el fuego de la ratatouille y se comportó estoicamente. Cody sólo quería ayudar. Una vez arriba, mi marido y yo nos miramos por fin. Después de horas de morirme de ganas de hablar con él, sólo pude sacudir la cabeza en un gesto de consternación. 
Mamá dijo Cody con un hilo de voz mientras nos arrodillábamos a un lado del sillón y Fletcher lo levantaba por el otro. ¿Qué le ha pasado al tío Edison? 
No lo sé, cielo. 
¿Está enfermo? 
Según lo que ahora se piensa sobre el asunto, sí contesté, aunque personalmente no estaba segura de por qué etiquetar la obesidad como una «enfermedad» podía conducir a alguna parte. 
Conseguimos levantar el trasto con mucho esfuerzo. 
¿Come demasiado? 
Creo que sí. 
¿Y por qué no deja de hacerlo? 
Buena pregunta. 
Hicimos una pausa en lo alto de la escalera. 
Me da pena dijo mi hijastra. 
A mí también. Lo dije sin que me temblara la voz, por ella. Mucha pena.
Estaba decidida a no convertir la idea en un problema, pero el sillón era pesado y tuvimos que ladearlo para poder girarlo en el rellano. Parte de los jadeos y las instrucciones que Fletcher daba con unos gritos que parecían ladridos debieron de llegar a la cocina. Cuando entramos cargando con el sillón, Edison, apoyado en la isla de la cocina, estaba soltándole una perorata a Tanner. Me sentí mal por haberlo hecho esperar de pie tanto tiempo; para él debió de ser fatigoso. En el bote ya no quedaba un cacahuete. [...] 
Meter el sillón en la cabecera de la mesa fue toda una operación, pues delante del escalón que lleva a la sala no entraba sin mover la mesa unos treinta centímetros hacia delante, hacia la puerta del patio, y Tanner tuvo que empujar su silla hacia atrás hasta rozar el cristal. Volvió a sentarse, pero apretujado y con cara de fastidio, más aún cuando tuvo que levantarse otra vez para dejar entrar a Edison. Al final mi hermano se desplomó en el cuarteado cojín de cuero con evidente alivio, y vi que Fletcher observaba la cocina con mirada crítica. En lo tocante a la limpieza y el orden, mi marido era muy meticuloso. Ahora el lugar estaba, digamos, descentrado, y el granate sucio del sillón, un auténtico adefesio en la cocina, no contribuía a realzar la mesa que había hecho con sus manos. [...] 
Nos sentamos a cenar. Fletcher pasó la fuente de gambas bañadas en una salsa de tomate, calabacín y berejena muy condimentada, sobre tiras de polenta al horno. Como concesión especial, permitió que nosotros las espolvoreásemos con parmesano. Edison, el invitado, se sirvió primero, tras lo cual la fuente rectangular para hornear, la más grande que teníamos, quedó medio vacía. Yo me serví sólo un poquito para no dejar sin nada a los demás, y Cody me imitó, no sé si por educación o porque el tótem del exceso sentado en la cabecera de la mesa le estaba quitando las ganas de comer. Yo seguía teniendo hambre, pero no podía mirar a mi hermano. Hacerlo bastaba para que me sintiera mala, así que aproveché para observarlo de reojo mientras estaba concentrado en la comida. [...] 
Normalmente no tomábamos vino en la cena, pero esa noche fue una ocasión especial. Edison ya había abierto la segunda botella cuando lo vio, Fletcher apretó la mandíbula, y eso explicaba por qué se saltaba algunas consonantes, arrastraba las vocales y empezaba a hablar con la honrosa cadencia afroamericana. Mi hermano se consideraba afroamericano. Como la mayoría de los padres fundadores del jazz eran negros, afirmaba que, en el gremio, ser blanco era un hándicap, sobre todo en Europa, donde los "verdaderos" jazzistas debían tener el aspecto adecuado para ese papel. [...] 
Saqué mi tarta de pecanas. Fletcher no pensaba probarla, pero había sido el postre preferido de Edison desde niño. Aunque pegajosa de tanto jarabe de maíz, la tarta ya estaba hecha; además, ¿qué importaba? Por supuesto, di por hecho que eso era lo que él se decía siempre a sí mismo. 
Edison, ¿quieres helado con la tarta? pregunté, con voz lastimera. Pero ya sabía qué iba a contestar. 
Me tumbé en la cama mientras Fletcher acomodaba su ropa; como el sillón había quedado abajo, tuvo que apilarla encima de la cómoda. Al final dije: 
No tenía ni idea. 
Después de meterse entre las sábanas, él también se quedó tumbado, aletargado pero con los ojos abiertos. Parecía un momento de estrés postraumático doméstico, como si nos recuperásemos del estallido de un artefacto explosivo colocado bajo la mesa del comedor. 
Me muero de hambre dijo Fletcher. Y un poco después: Hoy he pedaleado ochenta kilómetros. 
Dejé que se desahogara. Al cabo de unos minutos dijo: 
Esa fuente de polenta era enorme. Creía que iba a haber de sobra.
Suspiré. 
Deberías haber comido un trozo de tarta antes de que Edison la terminara. Apoyé la cabeza en su pecho. Por una vez su complexión no pareció una reprimenda, sino un milagro. 
Pero ¿qué le ha pasado a tu hermano? 
Dejé la pregunta en suspenso. Me llevaría meses formular algo parecido a una respuesta. 
Lo siento dijo Fletcher, acariciándome el pelo. Lo siento muchísimo, en serio.
Le agradecía que optara por la comprensión y no por el juicio. ¿Comprensión por quién? Por su mujer, en primer lugar. Por Edison también, obvio. Pero, quizá tratándose de una situación en la que yo había metido a todos, y me incluyo, y habiéndomelas arreglado solita para que tuviera un horripilante final abierto, por todos." 
Lionel Shriver (2014). Big brother. Barcelona: Anagrama (pàg. 41-44, 47, 50-52).

El germà de Lionel Shriver va morir per un atac de cor provocat per la obesitat. Aquesta novel·la probablement és fruit de la necessitat de l'autora d'expressar totes les emocions que aquest fet tan malaurat li va produir en la seva vida, entre les quals sens dubte hi ha el sentiment de culpa per no haver pogut evitar-ho. Realment ho hauria pogut impedir? Fins a quin punt som responsables de la gent que estimem? Una lectura que fa reflexionar sobre aquests sentiments tan íntims i sobre la hipocresia de la societat.

Aquesta experiència de lluita contra l'obesitat va tenir un final tràgic, però afortunadament també n'hi ha que són molt esperançadors i un dels casos per a mi més espectaculars és el de David de Jorge, el xef protagonista del repte de Cooking the Chef per a aquest mes. Podeu veure la seva experiència de la lluita per perdre pes al documental El peso y el espejo, disponible a la seva pàgina web.

Per a mi, a banda d'un gran exemple de lluita i perseverança, es tracta d'un xef extraordinari: passió per la cuina, tècnica impecable i grans dots de comunicador. Què més es pot demanar? Vaig quedar totalment enganxada al programa Robin food, que també vaig descobrir gràcies a Cooking the Chef. Quantes coses que he après amb aquest repte! Mai no podré estar prou agraïda a l'April i a l'Aisha...

De receptes en té tantes, i totes tan bones, que pot ser difícil decidir-se per una, però davant d'un nom tan suggeridor com verdures emocionants, no m'he pogut resistir. De seguida m'ha fet pensar en la recepta de la ratatouille, que feia molt de temps que volia fer. En aquest cas, els puristes ens dirien que hauríem de canviar la carbassa per carbassó, però al capdavall totes dues són de la mateixa família, oi? He tret la recepta del llibre Más de 100 recetas adelgazantes pero sabrosas, títol que ja representa un repte en si mateix, però també he vist com la feia el David de Jorge al seu canal de Youtube. No us la podeu perdre.

Verdures «emocionants»

Ingredients (4 p.)

2 cebes tendres, en tires fines
4 escalunyes, en tires fines
5 grans d'all laminats
1 pebrot groc, en tires fines (jo no n'he trobat de groc i l'he posat vermell com recomana el mateix David de Jorge en el vídeo)
4 branquetes de farigola fresca
1 pessic de bitxo o de pebre vermell picant
1 got de vi blanc
1 culleradeta de mel
200 g de sofregit de tomàquet
4 tomàquets de pera, rentats
1 carbassa violí petita, pelada
2 albergínies, rentades
Oli d'oliva
Sal i pebre

Preescalfem el forn a 200º.

En una olla ampla i baixa, amb un rajolinet d'oli d'oliva, ofeguem les cebes, les escalunyes i els alls. Si veiem que hi falta oli, hi afegim una mica de vi perquè no es cremi.

Quan les cebes hagin suat, hi afegim els pebrots i la farigola i deixem que es cogui.

Mentrestant, en una fusta, tallem a rodanxes la carbassa, el tomàquet i l'albergínia. Els trossets petits de les verdures els afegim a les verdures que s'estan coent al foc, a les quals hi afegirem bitxo i vi blanc i ho deixarem reduir. Quan hagi reduït, hi afegim sofregit de tomàquet i una cullerada de mel i ho remourem.

En una plàtera que pugui anar al forn, fem una base amb aquestes verdures i al damunt anem disposant en forma de corona les verdures que tenim tallades, alternant tomàquet, albergínia i carbassa, i anant omplint els buits. Ho salpebrem generosament i ho posem al forn uns 40 minuts.

Quan el traguem del forn, hi afegim alguna herba fresca picada (cebollí, julivert, la part verda de la ceba tendra...).

Piquem les cebes tendres, les escalunyes i els alls, i els ofeguem en una olla

Hi afegim el pebrot i la farigola, el bitxo i el vi blanc

Tallem l'albergínia, la carbassa i el tomàquet a rodanxes

Fem una base amb les verdures cuites

Disposem la verdura tallada en forma de corona alternant verdures

Ho posem al forn 40 minuts i ho decorem amb cebollí fresc



Comentaris

  1. Les verdures preparades així i tan ben condimentadas són una passada de bones i de boniques, molt ben triat!!
    petons

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    1. Gràcies, a mi em van agradar molt i són tan boniques... Petons!

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  2. Mmmm... quina gana! Unes verdures fantàstiques. Combinar cuina i literatura m'encanta. Gràcies per compartir!

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    1. Gràcies a tu. No hi pot haver res millor que cuina i literatura...

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  3. Rut, un plato delicioso y una historia no menos interesante, es verdad que casi siempre va a más el problema de la obesidad, no siempre tiene un final trágico, pero sí malo, con poca calidad de vida, no pudiendo disfrutar de lo que es normal para el resto, debe ser tremendo sobre todo cuando es por alguna enfermedad. Si es solo por comer es más remediable.
    En fin. Este plato va estupendo para estas fechas de operación biquini, que siempre va bien después de tanto abrigo de invierno.
    Muchos besos y me la guardo.

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    1. Muchas gracias por el comentario. Creo que el problema es más grave de lo que parece, y no es nada fácil de resolver, pero ver que hay gente que lo consigue puede ser ejemplo y esperanza para otros que en este momento no vean la luz al final del túnel.

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  4. Desde luego, además de deliciosa esta receta entra por los ojos. Te ha quedado preciosa. Besos.

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    1. Muchas gracias. Ver tanto colorido en la mesa es un gustazo. Besos.

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  5. Lo deliciosas y bonitas que quedan asi las verduras! 😍😍😍

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    1. Pues sí, la idea es que sean emocionantes tanto para la vista como para el gusto. ¡Muchas gracias!

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  6. Aquesta safata de verduretes es molt atractiva!! Estic d'acord amb tu en el tema de la obesitat, miraré el documental de David perque no l'he vist. Sempre m'agradat aquest xef i ja el seguía abans de aprimarse. Molt bona elecció.
    Petons

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