diumenge, 26 d’abril de 2015

Púding de melmelada de monsieur Poirot

"El  momento supremo había llegado. El pudding de Navidad fue llevado al comedor con toda la pompa. El viejo Peverell, temblándole las manos y las rodillas con la debilidad de sus ochenta años, no consintió que nadie lo llevara sino él. La señora Lacey se apretaba las manos, llena de ansiedad. ¡Un día de Navidad, seguro, Peverell caería difunto! Teniendo que escoger entre el riesgo de que cayera muerto o herir sus sentimientos de tal modo que prefiriera caer muerto a estar vivo, la señora Lacey había escogido hasta entonces la primera de las dos alternativas. En una bandeja de plata, el pudding de Navidad reposaba en toda su gloria. Un pudding enorme, con una ramita de acebo prendida en él como una bandera triunfal y rodeado de gloriosas llamas azules y rojas. Se oyeron gritos de alegría y de pasmo.
Una cosa había conseguido la señora Lacey: persuadir a Peverell de que colocara el pudding frente a ella, en lugar de pasarlo alrededor de la mesa. Al verlo frente a ella, sano y salvo, la señora Lacey lanzó un suspiro de alivio. Fueron pasándole rápidamente los platos, con las llamas lamiendo todavía las porciones de pudding.
Pida algo, monsieur Poirot exclamó Bridget. Pida algo antes de que la llama se apague. ¡Corre, abuelito, corre!
La señora Lacey se echó hacia atrás, lanzando un suspiro de satisfacción. La Operación Pudding había resultado un éxito. Delante de cada comensal había una ración rodeada de llamas. Se produjo un breve silencio alrededor de la mesa, mientras todo el mundo hacía su petición.
Nadie pudo observar la expresión extraña del rostro de monsieur Poirot, mientras miraba la ración de pudding de su plato. «No coma nada del pudding de ciruela.» ¿Qué podría querer decir aquella advertencia siniestra? ¡No podía haber ninguna diferencia entre su ración de pudding y la de cualquier otro! Suspirando, tuvo que reconocer que estaba desconcertado; y a Hércules Poirot nunca le gustaba reconocer que estaba desconcertado. Cogió la cuchara y el tenedor.
¿Un poco de salsa de mantequilla, monsieur Poirot?
Poirot se sirvió salsa de mantequilla, mostrando su aprobación.
Has cogido otra vez mi coñac, ¿verdad, Em? dijo el coronel de buen humor desde el otro extremo de la mesa.
La señora Lacey le sonrió.
La señora Ross insiste en usar el mejor coñac, querido dijo. Dice que en eso consiste todo lo notable del plato.
Bueno, bueno dijo el coronel Lacey. Sólo es Navidad una vez al año y la señora Ross es una excelente cocinera.
Ya lo creo que lo es dijo Colin. Menudo pudding de ciruelas. ¡Ummm!
Se metió en la boca un gran bocado.
Suavemente, casi con cautela, Poirot atacó su ración de pudding. Comió un bocado. ¡Estaba delicioso! Probó otro bocado. En su plato había un objeto brillante. Investigó con un tenedor. Bridget, sentada a su izquierda, acudió en su ayuda.
Tiene usted algo, monsieur Poirot dijo. ¿Qué será?
Poirot apartó las pasas que rodeaban un pequeño objeto de plata.
¡Ah! dijo Bridget. ¡Es el botón de soltero! ¡Monsieur Poirot tiene el botón de soltero!
Poirot sumergió el pequeño botón de plata en el agua que tenía en su plato para enjuagarse las manos y le quitó las migas de pudding.
Es muy bonito observó.
Eso significa que se va a quedar soltero, monsieur Poirot explicó.
Eso es de suponer repuso Poirot con gravedad. Llevo muchísimos años de soltero y es improbable que vaya a cambiar ahora de estado.
No pierda las esperanzas dijo Michael. Leí en el periódico el otro día que un hombre de noventa y cinco se casó con una chica de veintidós.
Me das ánimos contestó sonriendo Hércules Poirot.
De pronto, el coronel Lacey lanzó una exclamación. Con el rostro amoratado, se llevó la mano a la boca.
Maldita sea, Emmeline! bramó.¿Cómo le consientes a la cocinera poner un cristal en el pudding?
¡Cristal! exclamó la señora Lacey, atónita.
El coronel Lacey sacó de la boca la ofensiva sustancia. Me podía haber roto una muela gruñó. O habérmela tragado sin advertirlo y producirme una apendicitis.
Dejó caer el trozo de vidrio en la vasija de enjuagarse los dedos, lo limpió y lo contempló unos segundos.
¡Válgame Dios! exclamó. Es una piedra roja de uno de los broches de los petardos.
Lo sostuvo en alto.
¿Me permite?
Con mucha habilidad, monsieur Poirot se extendió por detrás de su vecino de mesa, cogió la piedra de los dedos del coronel y la examinó con atención.
Como había dicho el señor de la casa, era una enorme piedra roja, color rubí. Al darle vueltas en la mano, sus facetas lanzaban destellos. Uno de los comensales apartó vivamente su silla y en seguida la volvió a su sitio.
¡Ahí va! exclamó Michael. ¡Qué imponente, si fuera de verdad!
A lo mejor es de verdad dijo Bridget, esperanzada.
No seas bruta, Bridget. Un rubí de ese tamaño valdría miles y miles de libras. ¿Verdad, monsieur Poirot?
Verdad, verdad confirmó Poirot.
Pero lo que yo no comprendo dijo la señora Lacey es como fue a parar al pudding.
¡Ay! exclamó Colin, concentrando su atención en el pudding que tenía en la boca. Me ha tocado el cerdo. No es justo.
Bridget empezó a canturrear:
¡Colin tiene el cerdo! ¡Colin tiene el cerdo! ¡Colin es el cerdito tragón!
Yo tengo el anillo dijo Diana con voz alta y clara.
Suerte que tienes, Diana. Te casarás antes que ninguno de nosotros.
Yo tengo el dedal se lamentó Bridget.
Bridget se va a quedar solterona canturrearon los dos chicos. Bridget se va a quedar solterona.
¿A quién le ha tocado el dinero? preguntó David. En el pudding hay una auténtica moneda de oro de diez chelines. Me lo dijo la señora Ross.
Creo que soy yo el afortunado dijo Desmond Lee-Wortley.
Los dos vecinos de mesa del coronel Lacey le oyeron murmurar:
¡Cómo no!
Yo tengo el anillo dijo David. Miró a Diana. Qué coincidencia, ¿verdad?
Continuaron las risas. Nadie se dio cuenta de que monsieur Poirot, con descuido, como si estuviese pensando en otra cosa, había deslizado la piedra roja en uno de sus bolsillos."  

Agatha Christie (1961). El pudding de Navidad. Barcelona: Molino (cap. IV).

Púding de melmelada

Ingredients (6-8 p.)

250 cl de llet
120 g de sucre
250 g de pa sec
50 g de farina
1 sobre de llevat
3 ous
1 pot de melmelada del gust que agradi (en aquest cas era de nabius)
Mantega
Canyella mòlta

Escalfem la llet amb el sucre i hi posem el pa perquè es remulli, juntament amb el sobre de llevat. Ho passem per la batedora perquè quedi homogeni. Separem els rovells de les clares i quan el pa ha absorbit la llet, afegim a la mescla els rovells i la melmelada. Batem les clares a punt de neu, les incorporem amb cura a la mescla i hi afegim la canyella mòlta.

Untem amb mantega un motlle rectangular, hi tirem la massa i la posem a coure al forn al bany Maria, a una temperatura de 180 ºC durant una hora aproximadament. Desemmotllem i servim.

divendres, 17 d’abril de 2015

Crema de carabassa del senyor Pirzada

"Un dia d'octubre, en arribar el senyor Pirzada va preguntar:
Què són aquestes fruites grosses de color taronja que hi ha a les portes de les cases? Una mena de carbassa?
Sí, són carbasses respongué la mare. Lilia, fes-me pensar que n'haig de comprar una, al supermercat.
I per què serveixen? Què volen dir?
Són per fer carotes vaig respondre amb un somriure ferotge. Queden així. Són per espantar la gent.
Ah digué el senyor Pirzada amb un altre somriure. Són una cosa molt útil.
L'endemà la mare va comprar una carbassa de gairebé cinc quilos, grossa i rodona, i la va posar sobre la taula del menjador. Abans de sopar, mentre el pare i el senyor Pirzada miraven les notícies locals, em va dir que la decorés amb retoladors, però jo la volia buidar tal com havia vist que feien els nostres veïns.
Sí, buidem-la va dir el senyor Pirzada aixecant-se del sofà. Que les bombin, avui, les notícies. Sense preguntar res, va anar cap a la cuina, va obrir un calaix i en va tornar amb un ganivet llarg de serreta. Em va mirar demanant-me l'aprovació: L'obro?
Jo vaig assentir. Per primera vegada, ens vam reunir tots al voltant de la taula del menjador: la mare, el pare, el senyor Pirzada i jo. Mentre el televisor funcionava sense que ningú en fes cas, vam cobrir la taula amb papers de diari. El senyor Pirzada va deixar l'americana plegada al respatller de la cadira que tenia al darrere, es va treure els botons de puny d'òpal i s'arromangà les mànigues emmidonades de la camisa.
Primer, faci un forat rodó al capdamunt. Així li vaig explicar assenyalant-ho amb el dit índex.
Ell va fer la incisió inicial i donà la volta amb el ganivet. Quan va haver acabat tot el cercle va aixecar la tapa per la cua. La va poder treure sense esforç i es va inclinar sobre la carbassa un moment per inspeccionar-ne i olorar-ne el contingut. La mare li va donar una cullera metàl·lica llarga, amb la qual va anar buidant l'interior fins que va haver tret els últims fils i les últimes llavors. El pare, mentrestant, separava les llavors de la polpa i les posava a assecar en una safata de galetes per poder-les coure després. Vaig dibuixar dos triangles en la superfície estriada per fer-hi els ulls, que el senyor Pirzada va tallar obedientment, dues mitges llunes per a les celles i un altre triangle per al nas. Només faltava la boca; les dents eren tot un repte. Jo dubtava.
Que somrigui o que faci mala cara? vaig preguntar.
Tu mateixa respongué el senyor Pirzada.
Com a solució de compromís, vaig dibuixar una mena de ganyota recta que ni semblava trista ni era simpàtica. El senyor Pirzada es va posar a tallar sense gens de por, com si hagués buidat carbasses tota la vida. Quan gairebé ja havia acabat va començar el noticiari nacional. El locutor va mencionar Dacca i tots ens vam tombar per escoltar: un representant indi havia anunciat que si la resta del món no els ajudava a afrontar la càrrega dels refugiats del Pakistan Oriental, l'Índia hauria d'entra en guerra contra el Pakistan. [...] El ganivet va relliscar-li de la mà al senyor Pirzada i va fer un tall  a la base de la carbassa.
–Perdona'm, si et plau. –Es posà una mà a la galta com si hagués rebut una bufetada–. Em sap... És terrible. En compraré una altra. Ho tornarem a provar.
–No, i ara. De cap manera –va dir el pare.
Va agafar el ganivet al senyor Pirzada i va fer un tall al voltant de la boca per igualar-la sense fer cas de les dents que jo hi havia dibuixat. El resultat va ser un forat desproporcionadament gros, de la mida d'una llimona, que donava a la nostra carota una expressió d'astorament plàcid en què les celles ja no eren ferotges i suraven amb una sorpresa glaçada sobre aquella mirada buida i geomètrica."

Jhumpa Lahiri (2000). Intèrpret d'emocions. Barcelona: Columna (pàg. 49-51).

Crema de carabassa

Ingredients (4 p.)

1 carabassa
2 o 3 porros
Sal, oli, pebre, comí

Netegem els porros, els tallem a rodanxes i els sofregim amb oli d'oliva en una olla tapada a foc baix. Pelem i tallem la carabassa i l'afegim a l'olla. Ho barregem tot bé, ho tapem i deixem que suï una estoneta. Hi afegim aigua que cobreixi la carabassa. Deixem que bulli uns 10 minuts i la passem per la batedora. Rectifiquem de sal, pebre i comí.

dijous, 2 d’abril de 2015

Mandonguilles amb sípia a l'estil Carvalho

"En el bar Egipto de la plaza de la Gardunya solían tener ya tres o cuatro excelentes cazuelas de buena mañana y tortillas frescas y españolas, sin nada que ver con las momificaciones tortilleras que suelen servirse en los bares de España antes del mediodía. Carvalho huía de las albóndigas de bar y reestaurante porque las amaba y era conocedor de las peores carnes que suelen utilizarse en este plato ibérico, sin las redecillas de grasa de cerdo que utilizan los franceses, harina y huevo, una película de sinceridad para que la bolita sea lo que tiene que ser, bolita, y no sea, como no lo es la Tierra, redonda. Casi todas las buenas albóndigas están achatadas por los polos. Las albóndigas del Egipto eran exactas en la textura, porque exacta era la proporción de carne y miga de pan. Si la albóndiga tiene demasiada carne semeja un oscuro tumor de bestia, y si el pan es excesivo, uno tiene la sensación de que mastica algo previamente masticado. Requisito indispensable para la albóndiga es el buen uso que se haga del tomate en su salsa. Aunque Carvalho era partidario del tomate, porque era partidario de los mestizajes culturales, no podía tolerar la solución tomate aplicada como recurso de color y sabor para que en él naufragaran los restantes sabores del cuerpo y el alma de los seres vivos. Y cuando un guiso tiene el tomate justo entonces, y sobre todo de mañana, el consumidor puede pedir esa leche fresca que es el pan con tomate, acompañante exacto de una buena tortilla de patatas y cebolla e incluso de un guiso de albóndigas como las del Egipto, levísimamente atomatadas. Notables también las cazuelas de sardinas en escabeche, las de pies de cerdo o las de tripa, problemática entonces la selección que Carvalho solía resolver por la albóndiga y la tortilla, porque para escabeches ya tenía los suyos y en cambio difícil era encontrar la materia exacta del microcosmos de la albóndiga. Bar de mercado, para desayunadores copiosos y felices, restaurante económico para artistas, gente de teatro y jóvenes de precaria emancipación, el Egipto estaba situado junto al bar Jerusalem en un barrio que se iba convirtiendo en el Harlem barcelonés a la espalda del mercado de la Boquería."

M. Vázquez Montalbán (1983). Los pájaros de Bangkok. Barceolona: Planeta.

Mandonguilles amb sípia

Ingredients (4 p.)

1 sípia grossa
300 g de carn picada de vedella
200 g de carn picada de porc
1 ou
3 grans d'all
Julivert
Molla de pa remullada en llet (1 llesca mitjana)
1 ceba
3 tomàquets madurs
1 copeta de vi ranci
Brou de peix
Oli d'oliva, farina, sal, pebre

Posem a remullar en llet la molla de pa una estona i abans d'afegir-la a la carn, l'escorrem bé. En un bol hi posem la carn picada de porc i de vedella, i l'amanim amb 2 grans d'all, julivert, tot picat ben fi, sal i pebre, hi afegim la molla de pa ben espremuda i un ou. Ho barregem tot bé i anem fent boletes de carn, que després enfarinarem. Fregim les mandonguilles en una cassola amb força oli i les reservem. 

En el mateix oli (si cal, en colem la farina), sofregim la sípia tallada a trossets petits i, quan estigui rossa, la reservem. Hi afegim més oli i fem un sofregit dels quatre elements (ceba, tomàquet picolat, all i julivert) afegits tots alhora. Un cop fet el sofregit, hi afegim la sípia i les mandonguilles i la copeta de vi ranci. Deixem que el vi s'evapori i hi afegim una mica de brou de peix i deixem que faci xup-xup a foc baix i amb la cassola tapada.