Roast beef al tren de les 4.50

"Lucy se había ido directamente a la cocina al regresar de la encuesta, y se ocupaba de la preparación del almuerzo, cuando la cabeza de Bryan Eastley asomó por la puerta. 
–¿Quiere que le eche una mano? –preguntó–. Se me dan bien las cosas de la casa. 
Lucy le dirigió una mirada rápida y ligeramente inquieta. Bryan había llegado a la encuesta en su coche deportivo y no había tenido mucho tiempo para calibrar su personalidad. 
Lo que vio resultaba muy agradable. Eastley era un joven de treinta y pico de años, pelo castaño, ojos azules algo lastimeros y un enorme bigote rubio. 
–Los chicos no han vuelto aún –comentó sentándose en el extremo de la mesa de la cocina–. Tardarán otros veinte minutos con sus bicicletas. 
Lucy sonrió. 
–La verdad es que estaban decididos a no perderse nada. 
–No los censuro por ello. Quiero decir que es la primera encuesta en sus jóvenes vidas y precisamente en la familia. 
–¿Le importaría apartarse de la mesa, Mr. Eastley? Tengo que poner ahí la bandeja de hornear. 
Bryan obedeció. 
–Oiga, esta manteca está ardiendo. ¿Qué va usted a echar en ella? 
–Pudding de Yorkshire. 
–Pudding de Yorkshire y el rosbif de la vieja Inglaterra. ¿Es ése el menú de hoy? 
–Sí. 
–En realidad, un rosbif funerario. Huele bien. –Olisqueó complacido–. Espero que no le moleste que esté aquí parloteando. 
–Si ha venido para ayudar, preferiría que me ayudase. –Sacó otra fuente del horno–: Vamos, gire las patatas para que se doren por el otro lado. 
Bryan obedeció con presteza. 
–¿Las patatas han estado en el horno mientras nosotros declarábamos? ¿Y si se hubieran quemado? 
–Es poco probable. Hay un termostato regulador en el horno. 
–Una especie de cerebro electrónico, ¿eh? 
Lucy le lanzó una rápida mirada. 
–Exacto. Ahora ponga la fuente en el horno. En el segundo estante. Necesito el de arriba para el pudding. 
Bryan obedeció, aunque no sin lanzar un agudo chillido. 
–¿Se ha quemado? 
–Un poquito nada más. No tiene importancia. ¡Vaya juego peligroso el de guisar! 
–Me figuro que usted nunca cocina. 
–Pues sí, lo hago, y con bastante frecuencia. Pero no estas cosas. Sé hervir un huevo, si no me olvido de mirar el reloj. Preparo huevos con bacon. Sé hacer un fílete a la plancha o abrir una lata de sopa. Tengo en mi piso uno de esos pequeños trastos eléctricos. 
–¿Vive usted en Londres? 
–Si se llama a eso vivir, sí. 
Su tono era desalentador. Observó cómo Lucy metía en el horno el molde con la pasta del pudding. 
–Todo esto es muy divertido –dijo con un suspiro. 
Una vez despachadas sus tareas más inmediatas, Lucy lo miró con más atención. 
–¿Qué es lo divertido? ¿Esta cocina? 
–Sí. Me recuerda la cocina de nuestra casa cuando yo era un niño. [...] 
–Usted no conoció a Edith, ¿verdad? Mi esposa. No, claro. Era muy diferente de toda esta cuadrilla. Era más joven, desde luego, y estuvo en el Cuerpo Femenino Auxiliar. Siempre dijo que el viejo estaba chiflado. Y lo está, de eso no cabe duda. Es tacaño como él solo. Y no sé por qué, la verdad, porque al fin y al cabo el dinero no podrá llevárselo cuando muera. Se repartirá entre sus hijos. La parte de Edith irá a Alexander, naturalmente, aunque no podrá tocar el capital hasta que cumpla veintiún años. 
–Lo siento. Pero, ¿quiere volver a apartarse de la mesa? Tengo que poner la fuente y hacer la salsa. 
En aquel momento llegaron Alexander y James, sudorosos y sin aliento. 
–Hola, Bryan –Alexander saludó a su padre con un tono bondadoso–. De modo que aquí era donde estabas. ¡Qué estupendo trozo de carne! ¿Hay pudding de Yorkshire? 
–Sí. 
–En el colegio nos daban un pudding de Yorkshire horrible, todo húmedo y blando. 
–Quítese de aquí que tengo que hacer la salsa –dijo Lucy. 
–Haga mucha salsa. ¿Podemos tener dos salseras llenas? 
–Sí. 
–¡Bien! –exclamó Stoddart-West, pronunciando la palabra otra vez con acento australiano. 
–No me gusta clara –señaló Alexander ansiosamente. 
–No será clara. 
–Es una cocinera estupenda –comentó ahora a su padre. 
Por un instante Lucy sintió como si los papeles estuvieran invertidos. Alexander hablaba como un padre bondadoso hablaría a su hijo. 
–¿Podemos ayudarla, miss Eyelesbarrow? –preguntó Stoddart-West cortésmente. 
–Sí, pueden ayudarme. James, ve a tocar el batintín. Alexander, ¿quieres llevar al comedor esta bandeja? ¿Y quiere usted llevar la carne, Mr. Eastley? Yo llevaré las patatas y el pudding." 
Agatha Christie (2007). El tren de las 4.50 (cap. VIII). Barcelona: RBA.

Roast beef amb maionesa de tonyina i caviar d'albergínia

Ingredients (4 p.)

1 kg de carn de vedella lligada (mitjana sense os, culata de la cuixa)
200 ml de conyac
1 llauna de tonyina mitjana
1 ou
2 filets d'anxova
2 cullerades de tàperes
2 cullerades de suc de llimona
5 albergínies
3 grans d'all
2 cullerades de tahina
Oli d'oliva extra verge
Sal, pebre,nou moscada

Amanim la vedella amb sal, pebre i nou moscada, la cobrim amb el conyac i la deixem marinar a la nevera unes 4 hores.

Fem una maionesa amb l'ou, oli d'oliva i les dues cullerades de suc de llimona. Hi afegim els filets d'anxova, la tonyina i les tàperes, ho triturem ben fi i ho desem a la nevera.

Escalivem les albergínies i els alls per preparar el caviar d'albergínia o baba ganoush (http://tastetsblog.blogspot.com.es/2014/05/baba-ganoush.html).

Posem una cassola al foc amb oli d'oliva extra verge, traiem la carn de la marinada, la salem i l'enrossim per totes les bandes a la cassola amb l'oli calent. Posem la cassola al forn, que tindrem preescalfat a 200º i la deixem coure uns 30 minuts (el temps depèn de com de gran sigui el tall i quin punt de fet ens agradi, si quan es talla es troba molt crua, sempre es pot coure més tallada a la cassola, com vaig fer jo perquè a mi m'agrada molt crua i a casa els agrada un punt més feta).

Traiem la vedella del forn, deixem que es refredi i que es relaxin els teixits. Mentrestant pelem les albergínies i els alls, i ho triturem tot amb la tahina, sal i pebre i oli d'oliva.

Tallem la carn ben fina (amb tallaembotits o amb ganivet elèctric és ideal; si no, ha de ser un ganivet llarg i ben esmolat). En aquest moment, si cal, es pot tornar a posar a la cassola per als qui els agradi més feta (en aquest cas, s'hauria de deixar refredar un altre cop perquè amb la maionesa no lliga servir-la calenta, però potser hi ha qui la prefereix amb la salsa de coure-la, com un tall rodó, acompanyada d'arròs blanc, com els meus fills).

Posem una base de maionesa de tonyina al plat, la carn al damunt i el caviar d'albergínia en un costat del plat.

Aquesta recepta està basada en la recepta homònima de la Carme Ruscalleda del llibre Cuinar per ser feliç  (2001, Columna). Només hi he fet unes petites adaptacions al meu gust.


El roast beef acabat de coure

Maionesa de tonyina, anxoves i tàperes

Si es vol més cuita, es pot tornar a la cassola i amb un parell de minuts s'acaba de coure

També es pot servir la versió calenta, acompanyada d'arròs blanc

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