Salsa tàrtara per a una mort poc natural

"–¿Y qué había cenado? ¡Como si hiciera falta preguntarlo!
–Langostinos a la plancha con salsa tártara. Ensalada verde con aliño francés. Pan moreno y mantequilla, queso azul danés y galletas, rociado todo con un Chianti. 
–Me sorprendería que hubiera tomado esa cena en Monksmere –comentó Dalgliesh–. Es la comida típica de un restaurante londinense. A propósito, ¿qué se sabe de las manos?
–Las tajaron varias horas después de la muerte. Señor Dalgliesh, el doctor Sydenham opina que tal vez se las cortaron la noche del miércoles, lo que parece una suposición bastante lógica. Usaron como tajo la bancada del bote. No podía sangrar mucho, y si el que lo hizo se manchó con sangre, tenía todo el mar para limpiarse. Es un acto desagradable, un acto malévolo y descubriré al autor, pero eso no significa que fuera un asesinato. Murió de muerte natural. 
–Supongo que pudo matarlo un sobresalto realmente fuerte. –¿Fuerte hasta qué punto? Ya sabe lo que pasa con los cardiópatas. Uno de mis agentes habló con el doctor Forbes-Denby, que sostiene que, con algunos cuidados, Seton podría haber durado muchos años. Era cuidadoso. No se sometía a tensiones excesivas, no viajaba en avión, seguía una dieta moderada, gozaba de muchas comodidades. Muchas personas con el corazón más débil que el suyo llegan a ancianas. Una de mis tías sufría del corazón. Sobrevivió a dos bombardeos. No se puede confiar en matar a un hombre dándole un susto de muerte. Los cardiópatas sobreviven a los sobresaltos más sorprendentes.
–Y sucumben a un ligero ataque de indigestión. Lo sé. Aunque la última cena no fue la más adecuada para un enfermo del corazón, no podemos pensar seriamente que alguien lo invitara a cenar con la intención de provocar un ataque fatal de indigestión. 
–Señor Dalgliesh, nadie lo invitó a cenar. Cenó donde usted supuso que lo había hecho. En el Cortez Club del Soho, el local de Luker. Se desplazó hasta allí directamente desde el Cadaver Club y llegó solo. 
–¿Y se fue solo? 
–No. En el local hay una presentadora. Una rubia llamada Lily Coombs. Es el brazo derecho de Luker. Vigila a las chicas, el alcohol y anima a los clientes nerviosos. Probablemente la conoció, si es que en el cincuenta y nueve estaba con Luker, cuando se cargó a Martin. Sostiene que Seton la llamó a la mesa y le dijo que un amigo le había dado su nombre. Buscaba información sobre tráfico de drogas y le habían dicho que ella podía ayudarlo. 
–No puede decirse que Lil sea catequista, pero, por lo que yo sé, nunca se ha enredado en asuntos de drogas. Y Luker tampoco... hasta ahora. ¿Seton le dio el nombre de su amigo? 
–Ella dice que se lo preguntó, pero no quiso responderle. De todos modos, tenía la oportunidad de ganar unas cuantas libras y a las nueve y media salieron juntos del local. Seton le explicó que no podían hablar en su club porque estaba prohibida la entrada de mujeres. Es verdad: no se permite su entrada. Pasearon cuarenta minutos en taxi por Hyde Park y West End y él le pagó cinco libras por la información. Desconozco qué historia le vendió. Seton se apeó a la altura de la estación de metro de Paddington y ella regresó al Cortez en el mismo taxi. Llegó al local a las diez y media y estuvo allí hasta la una, a la vista de treinta clientes. 
–¿Por qué dejó el club? ¿No podía venderle la misma historia en la mesa? 
–Dijo que él parecía ansioso por abandonar el club. El camarero confirmó que estaba inquieto y muy nervioso. A Luker no le gusta que ella pase demasiado tiempo con el mismo cliente. 
–Conociendo como conozco a Luker, yo diría que aún le sentó peor que Lil abandonara el club durante cuarenta minutos para dar un paseo en taxi por Hyde Park. De todos modos, suena muy respetable. Lil debe de haber cambiado mucho. ¿Le parece una explicación plausible? 
–Señor Dalgliesh, sólo soy un policía pueblerino –replicó Reckless–. No sustento la opinión de que todas las fulanas del Soho son, indefectiblemente, mentirosas. Pensé que decía la verdad, aunque no necesariamente toda la verdad. Verá, también hemos localizado al taxista. Confirmó que los recogió a las nueve y media en la puerta del club y que unos cuarenta minutos más tarde dejó a Seton en la estación de Paddington. Dijo que durante toda la carrera habían estado hablando seriamente y que de vez en cuando el caballero tomaba notas en una libreta. Si lo hizo me gustaría saber qué ha ocurrido con la libreta. No la llevaba encima cuando vi el cadáver.
–Ha trabajado deprisa –reconoció Dalgliesh–. Así pues, la hora en que alguien lo vio vivo por última vez avanza hasta las diez y diez. Y murió menos de dos horas después.
–De muerte natural, señor Dalgliesh. 
–Creo que alguien pretendía que muriera." 
P. D. James (2012). Muertes poco naturales (trad. Margarita Cavándoli). Barcelona: Ediciones B (B de Bolsillo, pàg. 94-95).
Tanquem l'any de Cooking the Chef amb una xef australiana: Donna Hay. Tot i haver publicat més de vint-i-cinc llibres, es pot dir que no la coneixia i ha estat un plaer descobrir-la. El que he vist d'ella no m'ha semblat una gran cuina, però sí que hi he trobat moltes idees fàcils i lleugeres per al dia a dia il·lustrades amb unes fotografies realment espectaculars.

He triat una recepta molt simple, però amb un gran resultat i francament lleugera, cosa que s'agraeix aquests dies d'excessos nadalencs. Estic segura que si en Seton hagués menjat els llagostins amb la salsa tàrtara de la Donna Hay el seu cor no se n'hauria ressentit (ai, no, que en Dalgliesh diu que no és una mort natural).

Salsa tàrtara de iogurt

Ingredients

2 iogurts grecs
1 grapat de tàperes
1 grapat de cogombrets en vinagre
1 manat d'anet fresc
2 culleradetes de vinagre balsàmic blanc (com que jo no en tenia, ho he canviat per 1 cullerada de mostassa de Dijon)

Es piquen les tàperes i els cogombrets. Es renta i es pica l'anet. En un bol s'aboca el iogurt grec, les tàperes, els cogombrets, l'anet i una cullerada de mostassa de Dijon, es barreja tot i es reserva.

La Donna Hay proposa aquesta recepta al seu llibre Cocina fresca y ligera per acompanyar un peix blanc fet al forn amb pa ratllat, però jo he preferit fer un bacallà fregit amb farina d'espelta amb una guarnició de cigrons especiats i una mica de samfaina.





Comentaris

  1. Me ha gustado mucho tu propuesta. Creo haber podido entender casi todo, algunas palabras las tendré que ver en nuestro amigo Google translate. Me encanta esta salsa hecha con yogures griegos pues a verdad es que son una crema de por sí.
    Y como bien dice la chef, para acompañar un buen trozo de bacalo. Muy rico.
    Besos y feliz año nuevo, ¡ah! y feliz noche de Reyes.

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  2. Pues si, la tártara es uno de los mejores acompañamientos del pescado a la plancha o hervido. La conocía hecha con mahonesa pero con yogourt no, y si es griego seguro que queda igual de cremosa y mucho más ligera. Habrá que probarla. Que bien que DH nos ha traído propuestas tan mediterráneas y sencillas. Gracias por participar. Buen Año. Abril y Aisha

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